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Microplásticos en el cuerpo: qué sabemos (y qué no) a día de hoy

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Microplásticos en el cuerpo: qué sabemos (y qué no) a día de hoy

Resumen: Sabemos que los plásticos diminutos están en el aire, el agua y los alimentos, y que varios estudios los han detectado en tejidos humanos, incluido el cerebro. Lo que no sabemos es cuánto hay realmente —desde 2025 los métodos de medición están cuestionados— ni si, a las dosis a las que estamos expuestos, causan enfermedades: la evidencia en personas son, por ahora, asociaciones y no pruebas de causa.

¿Qué son los microplásticos y cómo llegan al cuerpo?

Son fragmentos de plástico de menos de 5 milímetros. Los nanoplásticos son aún más pequeños: miden menos de una milésima de milímetro. Se forman cuando los plásticos se degradan y se han hallado en el agua potable, en numerosos alimentos, en cosméticos y en el aire.

Pueden entrar en el cuerpo por ingestión, inhalación y contacto con la piel. Según el análisis de la OMS de 2019 sobre el agua potable, las partículas de más de 150 micrómetros no se absorben y la absorción de las más pequeñas sería limitada.

¿Se han encontrado microplásticos dentro del cuerpo humano?

Varios estudios afirman haberlos detectado, pero la cantidad exacta es una incógnita. Los hallazgos más citados:

  • Sangre (2022): un equipo holandés halló partículas de plástico en 17 de 22 donantes sanos.
  • Placenta: un equipo italiano las describió por primera vez en 2021, y un estudio de la Universidad de Nuevo México (2024) las detectó en las 62 placentas analizadas.
  • Cerebro (2025): un estudio de Nature Medicine halló en cerebros de personas fallecidas concentraciones de 7 a 30 veces superiores a las del hígado o el riñón, un aumento de alrededor del 50 % entre las muestras de 2016 y las de 2024, y niveles aún mayores en 12 casos de demencia. Sus propios autores aclaran que los datos son asociativos y que no establecen causalidad.
  • Cerebro y tumores (2026): un estudio de Nature Health con tejido de 113 pacientes con tumores cerebrales y de cinco donantes fallecidos detectó partículas en el 99,4 % de las muestras enfermas y en el 100 % de las sanas, con más presencia junto a los tumores. Compara tejido de pacientes vivos con tejido de cadáveres, y los autores piden más investigación para aclarar posibles relaciones causales.

¿Por qué hay dudas sobre esos hallazgos?

Porque las partículas son tan pequeñas que están en el límite de lo que pueden medir los laboratorios, y algunos tejidos humanos pueden dar señales que se confunden con plástico. Esa es la preocupación que recogió The Guardian en enero de 2026:

Al menos siete estudios sobre microplásticos en humanos han sido cuestionados formalmente en las revistas que los publicaron, y un análisis de la investigadora Cassandra Rauert señala otros 18 que no habían considerado el riesgo de falsos positivos.

Fuente: The Guardian, 13 de enero de 2026.

Los críticos apuntan sobre todo a la técnica más usada, la pirólisis acoplada a cromatografía de gases y espectrometría de masas (Py-GC/MS), que puede confundir con polietileno la grasa de los tejidos, y el cerebro es rico en grasa. Expertos como Dušan Materić o Melanie Bergmann ya lo habían advertido tras el estudio de 2025, según recogió el Science Media Centre España. En noviembre de 2025, Nature Medicine publicó un comentario crítico sobre ese trabajo junto a la respuesta de sus autores.

Los autores defienden sus resultados, pero reconocen que sus cifras podrían estar sobrestimadas o infraestimadas y que el método aún no está estandarizado.

De ahí viene también la «cucharada de plástico en el cerebro»: sale de extrapolar la concentración medida (unos 4.900 microgramos por gramo en 2024) al peso de un cerebro, lo que da unos 7 gramos, según un cálculo de R&D World. Si la cifra de partida está sobrestimada, la imagen también lo está.

¿Los microplásticos causan enfermedades?

Hoy no está demostrado que lo hagan en personas: hay indicios, pero no pruebas. Una revisión crítica publicada en Nature Medicine en septiembre de 2025 lo resume así: hay indicios fuertes de que la exposición perjudica la salud, pero falta una base de evidencia sólida. Los estudios clínicos son pequeños y miden mal la exposición.

El estudio clínico más citado es el del New England Journal of Medicine (2024), con 257 pacientes sometidos a cirugía de la arteria carótida:

  • En el 58,4 % (150 pacientes) se detectó polietileno en la placa de la arteria.
  • Tras unos 34 meses, sufrieron infarto, ictus o muerte el 20 % de quienes tenían plástico en la placa (30 de 150), frente al 7,5 % de quienes no (8 de 107).
  • El cociente de riesgos ajustado fue de 4,53 (IC 95 %: 2,00–10,27), tras tener en cuenta edad, sexo, colesterol, diabetes, hipertensión y otros factores.

Los autores subrayan que los resultados no prueban causalidad, que no pueden descartar contaminación en el laboratorio y que los pacientes, con estenosis carotídea asintomática, no representan a la población general.

Los experimentos con animales y células muestran toxicidad, pero a concentraciones cuya relevancia para la exposición humana real no está clara.

La OMS concluyó en 2019 que, con los datos disponibles, los microplásticos del agua potable no parecían suponer un riesgo para la salud. En su informe de 2022 sobre exposición por dieta e inhalación consideró que había pocos indicios de efectos adversos en personas, pero recomendó reducir la exposición.

Conviene no mezclar dos cosas: el daño de los aditivos químicos del plástico (ftalatos, bisfenoles, PFAS), mucho mejor documentado, y el de las partículas en sí. La Lancet Countdown on Health and Plastics (2025) atribuye a esos aditivos una parte sustancial de los daños del plástico y estima que estos suponen pérdidas económicas superiores a 1,5 billones de dólares al año.

¿Qué no sabemos todavía?

  • Cuánto hay realmente en los tejidos: sin métodos estandarizados, las cifras varían mucho y pueden estar infraestimadas o sobrestimadas.
  • Si las dosis reales son dañinas: los experimentos suelen usar concentraciones altas y los estudios en personas son observacionales.
  • Cuánto tiempo permanecen y cómo se eliminan: las vías de absorción y eliminación siguen sin caracterizarse.
  • Qué fuentes pesan más: agua, alimentos, aire o envases.

¿Se puede reducir la exposición?

Sí, con medidas sencillas, aunque nadie ha demostrado todavía que reduzcan un riesgo concreto para la salud. La OMS recomienda reducir la exposición como precaución.

  • Microondas: un estudio de la Universidad de Nebraska-Lincoln (2023) observó que algunos envases de plástico para comida infantil liberaban, al calentarse, más de 2.000 millones de nanoplásticos y 4 millones de microplásticos por centímetro cuadrado. Son resultados de laboratorio; una alternativa sencilla es calentar la comida en vidrio o cerámica.
  • Agua embotellada: un estudio de la Universidad de Columbia (PNAS, 2024) contó una media de 240.000 fragmentos de plástico por litro en tres marcas, el 90 % nanoplásticos. Uno de sus autores considera razonable optar por el agua del grifo si preocupa, pero no desaconseja la embotellada cuando es necesaria, porque el riesgo de deshidratación puede ser mayor.
  • En casa: ventilar y usar menos materiales plásticos, es el consejo de la investigadora Marja Lamoree, según recogió The Guardian.

¿Qué se está haciendo para frenar el problema?

  • Unión Europea: desde el 17 de octubre de 2023 restringe los microplásticos añadidos intencionadamente a productos (Reglamento (UE) 2023/2055), con periodos de transición según el uso. No cubre los que se desprenden del desgaste o la degradación del plástico.
  • ONU: el tratado mundial contra la contaminación por plásticos lleva cuatro años de negociaciones bloqueadas. Su presidente, el chileno Julio Cordano, confía en alcanzar un consenso en la ronda de marzo de 2027.

Preguntas frecuentes

¿Tenemos de verdad una cucharada de plástico en el cerebro?
No está demostrado. La cifra sale de extrapolar al peso de un cerebro las concentraciones de un solo estudio de 2025, cuya medición cuestionan otros especialistas.

¿Los microplásticos causan demencia o cáncer?
No hay pruebas de ello en personas. Los estudios que los han hallado en cerebros con demencia o junto a tumores muestran asociaciones, y sus propios autores advierten de que no establecen causalidad.

¿Hay microplásticos en el agua del grifo?
Se han detectado en agua del grifo y embotellada, esta última con niveles más altos según los autores del estudio de Columbia. La OMS concluyó en 2019 que, con los datos disponibles, no parecían suponer un riesgo para la salud, y pidió más investigación.

¿Qué diferencia hay entre microplásticos y nanoplásticos?
Los microplásticos miden menos de 5 milímetros; los nanoplásticos, menos de 1.000 nanómetros. Los más pequeños son los que más preocupan, porque su absorción y distribución en el cuerpo aumenta cuanto menor es la partícula.

¿Debo preocuparme?
La evidencia no justifica el alarmismo ni permite descartar el problema. La OMS considera limitados los datos y recomienda reducir la exposición y seguir investigando.

Este artículo es divulgativo y no sustituye el consejo de un profesional sanitario.


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