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Computación cuántica: qué es y qué podremos lograr

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Computación cuántica: qué es y qué podremos lograr

Durante décadas, la computación cuántica fue casi un ejercicio de física teórica: una idea fascinante sobre el papel, pero lejana de cualquier aplicación real. Eso ha cambiado. En los últimos años, empresas como IBM, Google o Microsoft han empezado a hablar de "utilidad cuántica" en presente, no en futuro, y gobiernos de todo el mundo —incluido el español— invierten ya sumas millonarias en esta tecnología.

¿Significa esto que ya existen ordenadores cuánticos capaces de sustituir a los actuales? No. Pero lo que sí existe hoy es mucho más interesante que la promesa de hace unos años.

¿Qué es la computación cuántica?

Un ordenador convencional procesa información en bits, que solo pueden valer 0 o 1. Toda la potencia de un móvil, un portátil o un superordenador se basa, en el fondo, en manejar enormes cantidades de estos ceros y unos a gran velocidad.

Un ordenador cuántico trabaja con qubits, y ahí está la diferencia de fondo. Gracias a un fenómeno llamado superposición, un qubit puede representar 0 y 1 a la vez, no uno u otro. Y gracias al entrelazamiento cuántico, varios qubits pueden quedar conectados entre sí de forma que el estado de uno depende instantáneamente del estado de los demás, sin importar la distancia que los separe.

Esto no convierte a un ordenador cuántico en "un ordenador normal pero más rápido". Es una máquina que explora un espacio de posibilidades de forma radicalmente distinta, lo que le da una ventaja enorme en problemas muy concretos: simular el comportamiento de moléculas, optimizar sistemas con miles de variables o encontrar patrones entre cantidades masivas de combinaciones.

El gran obstáculo, desde el principio, ha sido la fragilidad. Los qubits son extremadamente sensibles a cualquier interferencia —una vibración, una mínima variación de temperatura— y pierden su estado cuántico con facilidad. Por eso los ordenadores cuánticos actuales operan a temperaturas cercanas al cero absoluto, más frías que el espacio exterior.

En qué punto estamos en 2026

La computación cuántica ha dejado de ser solo una curiosidad de laboratorio. En 2023, IBM demostró por primera vez lo que la industria llama "utilidad cuántica": cálculos cuánticos fiables en problemas que ya superan lo que pueden verificar los simuladores clásicos más potentes. Un año después, el chip Willow de Google resolvió en cinco minutos un problema de referencia que a un superordenador convencional le habría llevado un tiempo prácticamente inconcebible.

El gran tema de 2026 es la corrección de errores. Agrupando varios qubits físicos —frágiles e imperfectos— se puede formar un único "qubit lógico" mucho más estable, capaz de detectar y corregir sus propios fallos sin detener el cálculo. Es la pieza que faltaba para pasar de demostraciones puntuales a cálculos realmente útiles y sostenidos en el tiempo.

Al mismo tiempo se ha impuesto un modelo híbrido: en lugar de sustituir a los ordenadores clásicos, los procesadores cuánticos actúan como aceleradores especializados para la parte del problema que realmente lo necesita, mientras el resto del trabajo sigue en manos de la computación tradicional. Y gracias a plataformas en la nube como IBM Quantum, Amazon Braket o Microsoft Azure Quantum, ya no hace falta poseer un ordenador cuántico para experimentar con uno: empresas, universidades y centros de investigación pueden acceder a ellos de forma remota.

España y Europa: el papel del Barcelona Supercomputing Center

España tiene ya un papel activo en esta carrera, y el Barcelona Supercomputing Center (BSC-CNS) es la pieza central. El BSC alberga MareNostrum 5, uno de los superordenadores clásicos más potentes de Europa, y en los últimos años lo ha ido combinando con tecnología cuántica real.

En 2025 se instaló allí un primer ordenador cuántico digital, desarrollado por la empresa Qilimanjaro junto con GMV dentro del programa nacional Quantum Spain. En mayo de 2026 se sumó una segunda pieza: un ordenador cuántico analógico, construido también por la barcelonesa Qilimanjaro Quantum Tech, dentro del proyecto europeo EuroQCS-Spain, financiado con 8,5 millones de euros por la Comisión Europea (a través de EuroHPC) y el Gobierno de España.

Ese sistema analógico arranca con solo 10 qubits, pero está diseñado para ser mucho más resistente al ruido que un sistema digital, lo que le permite empezar a resolver problemas reales —optimización logística, gestión de redes energéticas, modelización financiera, simulación de materiales— sin tener que esperar a que la corrección de errores esté totalmente resuelta. Está previsto ampliarlo con dos generaciones más en 2026 y 2027.

Con todo esto, el conjunto —bautizado como MareNostrum-Ona— convierte al BSC en uno de los pocos lugares del mundo donde computación cuántica digital, computación cuántica analógica y supercomputación clásica funcionan juntas como un único recurso, accesible para investigadores y empresas de toda Europa. Es, además, una pieza clave de la estrategia europea para no depender de Estados Unidos o China en una tecnología considerada estratégica de cara a 2030.

Qué podremos lograr

El horizonte más citado ahora mismo es el de IBM, que se ha marcado 2029 como fecha para tener listo Starling, su primer ordenador cuántico "tolerante a fallos" a gran escala: un sistema de 200 qubits lógicos capaz de ejecutar cien millones de operaciones cuánticas, hasta 20.000 veces más que los sistemas actuales. Más allá, la compañía ya habla de un sucesor para 2033, Blue Jay, con diez veces más capacidad.

Si estas hojas de ruta se cumplen, las aplicaciones potenciales son enormes:

  • Medicina y farmacia: simular con precisión cómo interactúan las moléculas podría acelerar drásticamente el diseño de nuevos fármacos, hoy muy dependiente de la prueba y error.
  • Nuevos materiales: diseñar baterías, paneles solares o superconductores átomo a átomo, en lugar de a base de ensayo experimental.
  • Finanzas y logística: optimizar carteras de inversión, redes de suministro o rutas de transporte con miles de variables simultáneas.
  • Inteligencia artificial: acelerar ciertos procesos de entrenamiento y análisis de datos complejos.

Pero esta misma potencia tiene una cara menos amable. Buena parte de la seguridad digital actual —la banca online, el correo, las comunicaciones cifradas— se apoya en problemas matemáticos que un ordenador cuántico suficientemente potente podría resolver con relativa facilidad. A ese momento hipotético ya se le conoce como el "Día Q" (Q-Day), y aunque nadie sabe con certeza cuándo llegará —las estimaciones más citadas lo sitúan entre 2030 y 2033—, la transición hacia una criptografía "poscuántica" resistente a estos ataques ya está en marcha: a finales de 2025, más de la mitad del tráfico web mundial ya usaba cifrado con este tipo de protección, según datos de Cloudflare.

Un cambio de era, pero gradual

La computación cuántica no va a sustituir al ordenador de casa ni al del trabajo. Lo que promete es otra cosa: resolver un puñado de problemas que hoy son, literalmente, imposibles para cualquier máquina clásica, por potente que sea.

2026 es el año en que esta tecnología ha empezado a salir del laboratorio para dar sus primeros pasos piloto en empresas e instituciones, con centros como el BSC demostrando que también hay sitio para Europa —y para España— en esta carrera. La computación cuántica a gran escala y libre de errores sigue estando a varios años vista, pero los cimientos se están construyendo ya.

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