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Juegos Mundiales de Robots Humanoides de Pekín: los androides ya superan a Bolt

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Juegos Mundiales de Robots Humanoides de Pekín: los androides ya superan a Bolt

Esta misma semana, en un pabellón construido para los Juegos Olímpicos de Invierno de 2022, un robot ha corrido los 100 metros lisos en 9,39 segundos. Es un tiempo mejor que el del récord del mundo humano, en manos de Usain Bolt desde 2009. No es un montaje ni una demostración de laboratorio: es un resultado oficial de los Juegos Mundiales de Robots Humanoides, la gran cita deportiva —y tecnológica— que Pekín ha convertido en su escaparate particular hacia el futuro de la robótica.

¿Qué son los Juegos Mundiales de Robots Humanoides?

La idea nació en 2025. Aquel mes de agosto, Pekín organizó la primera edición de este torneo: 280 equipos —la mayoría universitarios, aunque también había empresas— procedentes de 16 países se reunieron con más de 500 robots humanoides para competir en 26 disciplinas, desde atletismo y fútbol hasta tareas cotidianas como clasificar medicamentos o hacer labores de limpieza.

Detrás del evento están el Gobierno Municipal de Pekín, la cadena estatal China Media Group y organizaciones especializadas en robótica como RoboCup Asia-Pacífico. El objetivo declarado va más allá del espectáculo: acelerar el paso de estos robots desde el laboratorio hasta aplicaciones reales, mezclando deporte, arte y utilidad práctica en un mismo escenario.

Aquella primera edición dejó momentos memorables por motivos opuestos: robots corriendo, bailando y jugando al fútbol, pero también cayendo, chocando entre ellos y necesitando ayuda constante de sus operadores humanos. Fue, sobre todo, una fotografía honesta de hasta dónde había llegado —y hasta dónde no— la robótica humanoide.

La segunda edición dispara todas las cifras

Doce meses después, Pekín ha vuelto a abrir las puertas del Óvalo Nacional de Patinaje de Velocidad —el mismo recinto olímpico, conocido como la "Cinta de Hielo"— para la segunda edición de los Juegos, que se celebra del 22 al 26 de agosto de 2026.

El salto de escala es considerable:

666 equipos y 2.056 robots humanoides, procedentes de 16 países repartidos en seis continentes, compiten este año en 51 pruebas y más de 1.300 enfrentamientos, frente a los 280 equipos, algo más de 500 robots y 487 pruebas de la primera edición.

El número de robots se ha multiplicado por cuatro en solo un año. Conviene matizar un dato, eso sí: en torno al 96% de los equipos inscritos son chinos, lo que da una idea de dónde se concentra hoy el desarrollo de esta tecnología, aunque también compiten delegaciones de Estados Unidos, Alemania, Japón o Brasil, entre otros países.

De la pista al taller: pruebas cada vez más exigentes

El programa se reparte en dos grandes bloques. Por un lado, cerca de una treintena de pruebas deportivas: atletismo, fútbol, gimnasia, artes marciales, halterofilia, tira y afloja, tenis de mesa o baile deportivo, varias de ellas debutando este año.

Por otro, una veintena de pruebas basadas en escenarios reales —fábricas, hoteles, viviendas, hospitales, comercios, situaciones de emergencia— donde los robots deben resolver tareas cotidianas, desde manipular herramientas hasta recoger objetos pequeños con pinzas, sin intervención humana.

Precisamente la autonomía es el gran cambio de esta edición. En 2025 era habitual ver robots teleoperados o asistidos por sus creadores en pleno recorrido. Este año, pruebas como los 400 metros, los 1.500 metros o el relevo 4x100 exigen que el robot corra, decida y se recupere de sus propios errores sin ayuda externa: si se cae, tiene que levantarse solo; si se sale de su calle, queda descalificado.

En las pruebas de escenarios el criterio es parecido, aunque algo más flexible: completar una tarea de forma totalmente autónoma puntúa el doble que hacerlo con ayuda de un operador humano a distancia. La teleoperación no está prohibida, pero cada vez sale más cara en la puntuación.

Récords que hace un año parecían ciencia ficción

El titular de estos primeros días de competición es la prueba de los 100 metros lisos:

El robot Tiangong Ultra, desarrollado por el centro pekinés X-Humanoid, cruzó la meta en 9,39 segundos, por debajo de los 9,58 segundos que marcó Usain Bolt en el Mundial de Berlín de 2009.

Y no fue el único en bajar de esa marca: Lightning, el robot de la firma Honor —sí, la misma marca conocida por sus teléfonos móviles—, entró segundo con 9,47 segundos. En los entrenamientos previos, Lightning ya había llegado a los 9,32 segundos, con una velocidad punta de 14,5 metros por segundo.

El otro dato llamativo llegó en salto de altura sin carrera previa: un robot, también de X-Humanoid, alcanzó los 2,88 metros. Es una modalidad distinta a la del atletismo olímpico, donde sí se permite tomar impulso, pero la comparación impresiona igualmente: supera el récord humano de salto de altura, los 2,45 metros que estableció el cubano Javier Sotomayor en 1993, y triplica el mejor resultado robótico del año pasado, que rondaba el metro.

Conviene recordar que estos robots compiten sobre superficies controladas y en condiciones muy específicas, distintas a las de una prueba de atletismo humana. Aun así, el avance respecto a hace solo doce meses es considerable.

No todo es perfecto: las caídas siguen ahí

Antes de que arrancaran los Juegos, un vídeo grabado durante los entrenamientos se hizo viral con más de 13 millones de reproducciones: un robot, incapaz de frenar a tiempo, se estrelló contra una pared acolchada y quedó doblado por la cintura entre chispas.

El incidente resume bien el estado real de la tecnología: junto a las carreras que baten récords, siguen existiendo caídas, choques y fallos mecánicos. La propia organización lo sabe, y por eso ha diseñado el sistema de puntuación de este año para premiar precisamente lo contrario del espectáculo: la autonomía fiable, aunque sea menos vistosa que un sprint.

Los organizadores tampoco esconden cuál es el objetivo de fondo del evento: no se trata solo de repartir medallas, sino de convertir esas medallas en pedidos comerciales y llevar a los robots directamente de la pista de competición a fábricas, hoteles y hospitales de verdad.

Por qué Pekín apuesta tan fuerte por este espectáculo

Los Juegos no ocurren en el vacío. Esta misma semana coinciden con dos acontecimientos que ayudan a entender la magnitud de la apuesta china por la robótica humanoide.

El primero es bursátil: Unitree, uno de los fabricantes chinos más conocidos del sector, ha debutado en el mercado STAR de Shanghái con una subida del 629% en su primera sesión, alcanzando una valoración cercana a los 66.000 millones de dólares.

El segundo es industrial: Pekín acoge en paralelo la Conferencia Mundial de Robots 2026, donde distintas empresas han presentado cerca de 3.000 productos relacionados con la robótica.

Todo esto se enmarca en una carrera tecnológica cada vez más evidente entre China y Estados Unidos. Según estimaciones del sector recogidas por medios internacionales, China concentra ya más del 80% de los envíos mundiales de robots humanoides. No es casualidad que estos Juegos —con sus récords, sus cifras multiplicadas y su cobertura mediática global— funcionen también como una demostración de fuerza ante el resto del mundo.

Una carrera que todavía no ha terminado

En el momento de escribir estas líneas, los Juegos siguen en marcha y concluirán el 26 de agosto, así que es probable que caigan más récords en los próximos días. Más allá del espectáculo, lo que dejan estas dos ediciones es una fotografía bastante honesta de dónde está hoy la robótica humanoide: capaz de sorprender en una carrera de 100 metros, pero todavía aprendiendo a levantarse sola cuando algo sale mal. Esa distancia entre el podio y el trabajo real es, probablemente, la carrera más interesante de seguir en los próximos años.

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